«Muchas personas con discapacidad “sienten que existen sin pertenecer y sin participar”. Hay todavía mucho “que les impide tener una ciudadanía plena”. El objetivo no es solo cuidarlos, sino que “participen activamente en la comunidad civil y eclesial. Es un camino exigente y también fatigoso, que contribuirá cada vez más a la formación de conciencias capaces de reconocer a cada individuo como una persona única e irrepetible”».
Francisco, Fratelli tutti, n. 98
Los delegados de discapacidad de unas treinta diócesis españolas, 50 personas aproximadamente presenciales y otras 8 online, hemos vivido en Madrid el sábado 5 de abril, un encuentro esperanzador, accesible, fraterno, católico con la confianza y esperanza en un Dios-Amor, que a través de su Palabra nos invita a «cambiar la mirada»para acercarnos e incluir en nuestra comunidad eclesial a todas las personas con distintas capacidades.
Comenzamos la jornada con palabras de Mons. Román Casanova Casanova, obispo de Vic y responsable del área de pastoral para las personas con discapacidad; nos invitaba a un encuentro vivo y personal donde revitalizar la esperanza, caminar desde el amor de Dios hacia un futuro y horizonte amplio, sin miedos a nuestras vulnerabilidades y discapacidades, con la certeza de que Todos-juntos hemos de regalar esperanzas.
Por primera vez, he tenido la «gracia» de participar en este encuentro, ¡Cuánto por aprender, vivir, asimilar de los demás y del Evangelio! A lo largo de la jornada resonaba en mí el eco de cambiar la mirada, ver lo que se esconde en el otro, criatura de Dios, amada y necesaria, ¡mirar como Jesús miraba! y servir.
Quisiera agradecer la ponencia de D. Miguel Ángel Valero Duboy sobre la «Accesibilidad: fraterna, católica y transversal». Nos hace repensar que todos somos agentes de accesibilidad y todos-juntos somos capaces de dar respuestas inclusivas; tenemos necesidad de ir creando conciencia de accesibilidad personal y pastoral para compartir, vivir, motivar, incluirnos a todos sin barreras… estar próximos unos a otros es cuestión de dignidad personal y fraterna, ¡Cuántas barreras hay que solucionar en nuestras parroquias que impiden que todos tengamos los mismos derechos!, tener una visión fraterna de forma equitativa para la participación de todos: puertas parroquiales, tecnología aplicada, pantallas adecuadas…, nos decía que: «Vivir la fraternidad evangélica es promover la accesibilidad, es promover la fraternidad con esperanza cristiana de hacer un mundo más digno y que el amor al prójimo, a todos, se muestre en una accesibilidad afectiva».
Los testimonios de personas con discapacidad fueron verdaderos regalos y signos de esperanza. Ante una sociedad y un mundo desanimado, ante una cultura del placer en detrimento del dolor, sus testimonios llenos de sentido y signos del amor de Dios nos hacen constatar cómo desde la fe, el amor y las bienaventuranzas se llega a tener una vida plena y gozosa siendo bien para los demás, desde la vulnerabilidad y discapacidad unos congénitos y otros adquiridos en una edad madura a causa de accidente o enfermedad. ¡Todos somos iguales en dignidad y derechos! ¡Cuánta confianza! ¡Cuánto amor a Jesús y su Evangelio! Las parábolas de Jesús encierran mucho de todos estos testimonios de vida y esperanza… ¡Cuánto nos enseñan! ¡Cuanto por aprender!
La mesa de experiencias de personas a las que les ha llegado la discapacidad, y han sabido asumirlas desde la esperanza cristiana, fueron verdaderos testimonios de vida, amor y esperanza. Como alguno de ellos decía, no es un camino de rosas, pero si se viven con el convencimiento que la vida es un milagro de Dios, que nos quiere a cada uno como somos, a cada persona con sus capacidades correspondientes, es un tesoro que enriquece a todos los de casa, aunque quienes no lo conocen les dé miedo y produzca rechazo. ¡Cada vida es un tesoro! No preguntarnos el porqué sino el para qué… afrontar con confianza, disfrutar de las pequeñas cosas, vivir para el otro, que lo ordinario sea extraordinario, servir desde el amor.
«Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario».
Francisco, Laudato si`, n. 65.
Todo ser humano tiene, tenemos capacidades para amar y ser amados. Unos necesitan más apoyos que otros, pero todos-juntos tenemos la oportunidad de vivir una vida digna. ¡Qué gran esperanza!
¡Cuánta fe! ¡Cuánto convencimiento de sentirse amados, queridos por un Dios Padre-Madre que nos ama desde la vulnerabilidad y las diferentes capacidades! ¡Cuánto amor en la familia! ¡Cuánta superación por llevar una vida digna! ¡Cuánta confianza en el amor de Dios! Termina el encuentro con el convencimiento de la riqueza y apoyo que supone, para evangelizar en el mundo de hoy, la inclusión de todas las discapacidades en nuestra Iglesia; animarnos en todas las diócesis a trabajar en el cuidado e inclusión, en nuestros ámbitos pastorales y eclesiales, sobre la atención a las personas con distintas capacidades.
Hemos de formarnos para prestar un servicio de amor y esperanza con paciencia, creando puntos referenciales. Trabajar por el mundo de la discapacidad formando agentes activos y reivindicativos en una accesibilidad fraterna personal y pastoral.
Que ¡Todos juntos regalemos esperanza!, en consonancia con el Jubileo que estamos viviendo.
¡Gracias, Señor! Por este III Encuentro de responsables diocesanos para las personas con discapacidad.
Inés Escobar Calle, Responsable de la pastoral de las personas con discapacidad de la archidiócesis de Mérida- Badajoz























