Misa de san Gregorio

Tras la muerte de Pelagio II en el año 590, le sucedió en la sede pontificia Gregorio Magno, papa fundamental en el desarrollo de la espiritualidad de la Europa medieval, gran mediador político y uno de los mejores escritores de la tradición cristiana. De hecho, hoy es venerado como doctor de la Iglesia occidental junto a san Ambrosio de Lián, san Agustín y san Jerónimo.

Para conocer mejor a nuestro protagonista tendríamos que remontarnos al año 540, cuando nace en Roma, en el seno de una familia patricia que vivía una profunda espiritualidad. Siguiendo el modelo paterno, el joven Gregorio se preparó para la carrera administrativa y llegó a ser prefecto de Roma, lo que se reflejó años más tarde en su brillante gestión de asuntos eclesiásticos. Sin embargo, la riqueza de su vida interior lo impulsó a abandonar la vida civil para acogerse al monacato, transformando su palacio, en la romana colina de Celio, en el monasterio de San Andrés, donde se dedicó a la oración y al estudio.

Su valía no pasó desapercibida al papa Pelagio, quien lo nombró diácono, enviándolo a Constantinopla, donde entró en contacto con la tradición bizantina y luchó contra la herejía monofisita. Años más tarde, el pontífice lo reclamó de nuevo en Roma como su secretario personal.

De esta vida anterior al papado, las imágenes del santo reflejan su formación intelectual y sus muchos escritos, ya que a menudo es representado portando manuscritos o como escriba en el instante de recibir la inspiración divina. A la vez, sus retratos suman la tiara papal para recordar que se trata de uno de los pontífices más relevantes de la historia de la Iglesia.

La escena de la pintura narra el momento de la consagración eucarística por parte del Papa San Gregorio Magno (540-604) un día de Navidad en la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén, produciéndose el hecho milagroso de la aparición de Cristo mostrando sus estigmas de los que brotaba sangre recogida en un cáliz y rodeado de los instrumentos de la Pasión y tiene una doble narración. Por una parte, se cuenta que una mujer que regalaba con frecuencia panes al papa Gregorio para que los consagrase en la Eucaristía dudó del misterio de la transustanciación, por lo que, en el instante de la consagración, se apareció sobre el altar el propio Cristo.

Hay un segundo relato que señala que un monje fue acusado de romper el voto de pobreza por conservar en su celda monedas de plata, lo que motivó su excomunión. Al poco de este hecho el monje falleció y el papa Gregorio comenzó a ofrecer misas por la salvación de su alma. La fuente literaria señala que, tras treinta días, al oficiar la eucaristía, se le apareció sobre el altar Cristo como Ecce Homo, lacerado con las llagas de la pasión, revelándole que el monje había sido salvado. De ahí que todavía hoy se mantenga la costumbre de ofrecer las denominadas «treinta misas gregorianas» por los difuntos.

La leyenda de este milagro eucarístico no debió de forjarse al menos hasta finales del siglo XIII y fue difundida por los romeros que peregrinaban a Roma. Es una leyenda con un origen iconográfico, porque se forjó en torno a un icono del Cristo de la Piedad que se veneraba en la basílica y la tradición atribuyó a la época de San Gregorio, que habría mandado pintarlo para rememorar el milagro estableciendo que la oración ante la imagen proporcionaba indulgencias para vivos y para muertos.

Iconográficamente este tema pudo tener un origen italiano, pero se difundió por toda Europa rápidamente siendo muy repetido a lo largo de los siglos XV y XVI, coincidiendo con el sentido trágico y dramático que caracterizó a la sociedad de finales de la Edad Media, cuya obsesión por la muerte impulsó la celebración de las misas de difuntos para librar las almas del purgatorio, ya que la Eucaristía redime al hombre liberándole de la condenación eterna.

Tras el Concilio de Trento se dejó de representar porque las disputas entre católicos y protestantes sobre las indulgencias motivó que, aunque en Trento no se negase la existencia del purgatorio ni de los beneficios de las misas por las almas, se prohibieran «las cosas que… tienen resabios de interés o sórdida ganancia», entre las que podían estar, por los costes que conllevaban las treinta misas gregorianas para la salvación de los difuntos.

Texto elaborado por la Comisión son las siguientes referencias:

  • Rodríguez Velasco, María. Profesora de Historia del arte, Universidad CEU San Pablo, Madrid
  • Rodríguez Peinado, Laura (2015), «Misa de San Gregorio», Base de datos digital de Iconografía Medieval. Universidad Complutense de Madrid. En línea: https://www.ucm.es/bdiconografiamedieval/misa-de-san-gregorio [Texto revisado en 18 de septiembre 2023]